CUERPO DE BOMBEROS DE SAN FELIPE RINDIÓ HOMENAJE AL DR. SALVADOR SOLOVERA

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CUERPO DE BOMBEROS DE SAN FELIPE RINDIÓ HOMENAJE AL DR. SALVADOR SOLOVERA

Un viejo aforismo reza, “una institución que olvida su historia, es una institución sin futuro”, también podríamos señalar la frase “el pago de chile”, término usado por nuestro querido antipoeta, Nicanor Parra, en referencia a quienes simplemente han realizado un destacado servicio u obra, y sufren màs tarde, la ingratitud, no solo siendo olvidados o ninguneados, sino incluso siendo castigados y maltratados cuando se pudo prescindir de sus servicios.

Esta noche se ha hecho justicia!!!….

El pasado 31 de octubre de 2017, Bomberos rindió homenaje al DR. Salvador Solovera veterano de la Guerra del Pacifico y Fundador del CBSF.

Sus restos hoy descansan en el mausoleo institucional luego de su reciente traslado desde una sepultura en demolición.

Destacar especialmente a Pedro Muñoz , quien en nombre de la fundación Mi Patrimonio, no solo realizó en esta oportunidad, una exposición histórica sobre este gran personaje de nuestra historia sanfelipeña, sino se le reconoce y agradece, haber gestionado el rescate de los restos, de Solovera condenados al olvido.

Dr. Salvador Solovera López

Fundador del Cuerpo de Bomberos de San Felipe Registro General N°22

Salvador Segundo Horacio Solovera López, hijo de doña Catalina López y de don Salvador Solovera, nació en su casa de la calle del Comercio (Actual Calle Arturo Prat) en el San Felipe del año 1856, siendo el mayor de 4 hermanos, contrajo matrimonio muy joven, mientras cursaba sus estudios de medicina empujado por su amigo y tutor de ingreso del Liceo de Hombres, el doctor Roberto Humeres Oyanedel  algunos años mayor que él.

Se trasladó a Santiago para cursar la carrera de medicina en la Universidad de Chile donde no podría titularse hasta varios años después de dejar sus estudios.

Tuvo 6 hijos, Blanca, Raúl, Raquel, Salvador, Osvaldo y Humberto, este último llegó a ser un destacado médico en la capital.

La vida no se le dio fácil al Dr. Solovera. A muy temprana edad debió hacerse cargo de sus hermanos tras la muerte de su madre y un año después de su padre, cuando tenía solo 11 años y la menor de sus hermanas 4. La ciudad veía cómo el pequeño era capáz de trabajar repartiendo viandas a las primeras faenas del ferrocarril y lustrando zapatos a la entrada de la iglesia Matríz a dos cuadras de su casa.

Fue por su precoz inicio en la vida quizá, que contrajo matrimonio con   Zoila de las Mercedes Honorato que llegaba con su familia en los primeros trenes de 1872. Como el destino se esforzaba por truncarle cada intento por salir adelante con su propia familia, no pudieron ser padres  y su amada mujer enfermó en el crudo invierno sanfelipeño de 1874, solo dos años después de casarse.

Salvador se fue a Santiago y consiguió un permiso y beca para estudiar medicina, ayudado por su amigo Roberto Humeres que ya iniciaba sus estudios en la misma profesión. En eso estaba, y avanzada su carrera desarrollando sus conocimientos en hospital público cuando supo del inicio de la guerra del Pacifico, y algunos meses más tarde leyó las noticias de Prat y el hundimiento de la Esmeralda.

Como muchos hombres obligados por un deber incontrolable, se alistó en el batallón Aconcagua como Médico Cirujano 2° de la Segunda Ambulancia en la avanzada del ejército por Tarapacá y el sur del Perú.

Nunca quiso tomar un arma y se dedicó a recibir instrucción de guerra para aplicar sus conocimientos de cirugía en un campo de batalla, haciendo frente a las temperaturas extremas y tratar pacientes casi sin agua y en medio del fuego.

En el viaje desde Valparaíso a Iquique se topó con tres vecinos de infancia, el Capitán Abraham Ahumada, El Teniente Benigno Caldera y su vecino de casa, el recién llegado Ramón Dardignac.

Los tiempos eran de celebración y hasta cierto relajo en la avanzada chilena por la pampa Boliviana y Peruana, sin mayores bajas ni heridos, hasta que se viene la catástrofe para el Aconcagua y la prueba de fuego para Solovera.

Chile conocía de las primeras minas antipersonales, algo nunca antes visto y del que nadie había hablado a estos valientes soldados.

Solovera debió amputar en un solo día, el 15 de enero de 1881, más de 200 extremidades en pleno campo de batalla, para intentar salvar a esos soldados de una muerte segura.

Tras la tragedia, encabezó el recorrido por los campos, intentando encontrar sobrevivientes, y así fue que halló a un moribundo Benigno Caldera, con 4 balas en el cuerpo y una mano menos. Sabiendo la gravedad de sus heridas y una inminente muerte, debió dejarlo en el hospital de Guadalupe en el Callao, pidiéndole que le dictara una carta para su esposa en San Felipe.

No había tiempo que perder, y el doctor Solovera no estaba dispuesto a ver morir a otro de sus amigos, consiguió unos caballos y condujo, entre otros, a los malheridos, al cabo José María Rodríguez, al capitán Abraham Ahumada y a Ramón Dardignac .

A pesar de la premura sus intentos fueron en vano. Logró subir a Dardignac al Itata, cuando la embarcación casi zarpaba, y un buque más atrás subió al resto. En su lecho de enfermo le juró a Ahumada que no lo dejaría solo y prometió no amputarle ningún miembro de su cuerpo, tal como se lo prometió a Dardignac “y cumplí su deseo”, le dijo a bordo del barco que contaba con unos 180 heridos tan solo en su cubierta.
Fatigado y casi sin elementos de curación el Doctor Solovera sintió el último aliento del Capitán Abraham ahumada cuando ya pasaban frente al puerto de Arica.

Con denuedo suplicó que no lo arrojaran al mar, tal como mandaba el manual y compromiso de los tripulantes por temor a la gangrena y otras infecciones. “Si no lo sepultamos, yo me lanzo con él”, relató en un escrito posterior el también sanfelipeño José Ramón Carmona Estivil. Y lo consiguió, se bajó con el cuerpo de su amigo y el muchacho José María Rodríguez a quien juró impedir su muerte tras tener que amputarle la pierna izquierda. En Arica consiguió rendirle honores de héroe al Capitán Ahumada y solo entonces volvió a San Felipe en paz.

Solo al regreso de esa etapa de la guerra. Solovera pudo conseguir que le entregaran su título de médico y cirujano en 1882, fue ahí que se casó con la hermana de su primer amor, doña Josefina del Carmen Honorato Gormáz, madre de sus 6 hijos.

Este hombre, voluntarioso no titubeó un segundo para aceptar ser parte del Cuerpo de Bomberos de San Felipe, y junto a otros médicos sanfelipeños, Eliodoro Burgois, Exequiel Tapia Portus, Rafael y José Tomás Viancos Polanco, aislaron familias completas y las salvaron de la epidemia del Cólera.

Llegó a ser Superintendente y ocupó muchos otros cargos en la ciudad.

Este bombero y hombre ejemplar nunca cobró consultas a los desamparados ni a los voluntarios del Cuerpo de Bomberos. Le decían “el médico de los pobres”.

El Dr. Solovera murió en 1919 de un mal prostático que jamás pudo curar y que le causaba dolores intensos e interminables, probablemente acarreando los hielos invernales y las noches de pampa nortina.

 

PLANCHA HISTÓRICA

Pedro Muñoz Hernández

Fundación Mi Patrimonio

 

By | 2017-11-05T01:28:11+00:00 noviembre 5th, 2017|Categories: NOTICIAS|0 Comments

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